CASEN 2009: LOS MÁS POBRES
TIENEN MENOS DE TRES AÑOS
SERGIO DOMÍNGUEZ ROJAS DIRECTOR EJECUTIVO FUNDACIÓN INTEGRA
Haciendo un zoom a los datos entregados por Mideplan, se evidencia una desafiante realidad. El grupo de edad con mayor índice de pobreza en Chile corresponde a los niños que tienen entre 0 y 3 años. Para este tramo el indicador pasó de 21,9% en 2006 a 24,5% en 2009. Casi 9 puntos más que la tasa país.
Al igual que los resultados del Simce, las cifras de Casen 2009 nos imponen el reto de superar la pobreza y las desigualdades sociales desde la cuna. Urge comenzar temprano y comenzar bien.
No quería meterme en este asunto, ni como reportero, opinante, ni como lector.
No, no es desinterés por el mundo animal o por las relaciones que los humanos deberíamos tener con nuestros hermanos menores. Es por una cuestión de ética, que entre los periodistas ronda mucho más a menudo de lo que la gente cree. Los reporteros deportivos se arriman a la máxima que aconseja con eficacia: “partido que no se ve, no se comenta”. Y sirve para todas las vertientes de oficio más bello del mundo, como describe García Márquez al sano ejercicio de investigar, interpretar e informar verdades.
Quiero creer en una derecha más social, volcada a los problemas de la gente, con políticas hechas por la gente para ellas, tomando en cuenta los problemas y sobretodo el sentir de las personas y no con luchas partidistas que solo nos hacen mal a quienes componemos la clase política.
Ahora, Iquique es el lugar idóneo considerando el pasado sindicalista, izquierdista de nuestra ciudad, recordemos que en Iquique nació el socialismo, cobijó el comunismo y desarrolló los principales sindicatos, los que pese a ser fuertes terminaron como todos sabemos en trágicas muertes tras la matanza de la Santa Maria.
“UNO busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias” …
Esta estrofa gotanera, premonitoria y filosófica, debe rondar por estos días en la cabeza de Marcelo Bielsa, el entrenador argentino de la selección chilena de fútbol que es parte de la fiesta universal, versión 2.010.
UNO de los que tiene motivos para estar en esa cita de selectos invitados, es el estratego, a quien todos los chilenos, menos UNO, tenemos derecho a llamarle “Loco” sin que nadie se sorprenda, se moleste o lo defienda.
Es que el “Loco” va a Sudáfrica con una lágrima en la garganta y sangrando por la herida que le dejó el Mundial 2002 de Corea–Japón, al cual los argentinos llegaron –como no– con el cartel de favoritos luego de una deslumbrante clasificatoria sudamericana que ganaron con largueza, con brillo y con belleza futbolera.
Pero en Asia al Loco le fue mal. Muy mal.
Llegó con la chapa de favorito, como candidato natural a ganar su grupo, a pasar de rondas, a ganarlo todo… como número UNO.
Y se regresó sin ni UNO.
Desde ese día, Bielsa “sabe que la lucha es cruel y es mucha, pero lucha y se esperanza por la fe que lo empecina”.
Hasta entonces nuestro Mecías, llegado de allende la cordillera, no lo había tomado a pecho. Menos después de su debut en Ibaraki, donde derrotó a la emergente Nigeria por UNO a cero. El problema vino en la segunda fecha de la fase inicial, en Sapporo, donde Inglaterra, revirtió la historia y lo ganó por UNO a cero. Para el tercer partido, contra Suecia, los argentinos se lo tomaron con sumo cuidado, porque sólo la victoria les permitía clasificar. Pero empataron a UNO.
Nuestro “Loco Lindo” no alcanzó a desarmar las maletas y tuvo que cerrarlas para regresar a casa, con la lección aprendida:
“Uno va arrastrándose entre espinas en su afán de dar su amor. Lucha y se destroza hasta entender, que uno se ha quedado sin corazón”.
Desde esa apariencia de fiebre mundialera, don Marcelo aprendió a vivir el luto, porque la prensa argentina –la misma que lo había endiosado– ahora lo denostaba, lo crucificaba. Entonces Bielsa leyó algo de la sentencia y casi nada de la condena. Evitó a los periodistas, sabiendo que “uno está tan solo en su dolor... uno está tan ciego en su penar”...
Parte de eso explica porqué el rosarino aceptó venir a Chile y ponerse la Roja, sabiendo que la lucha era “cruel y mucha”. Acá se iba a encontrar con un clima conocido. Vacacionaba largas temporadas en La Serena, seguía con inquietud el fútbol chileno y lo conocía… Pero, además, tenía un motivo y una razón para venir a Pinto Durán: A Bielsa lo fascina la masa, el fenómeno social asociado al fútbol, a la hinchada.
Más allá de Los Andes, la hinchada de la murga y el papel picado, la de los cantos y los versos cantados, le había dado la espalda cuando él más la necesitaba y quería estar a su lado, sintiéndola al lado suyo. Pero no fue.
Por eso aceptó cruzar la cordillera y retomar su pasión por el juego, la estrategia, los entornos, la disciplina. En cuestiones de pelotas, su desafío es el pueblo, la gente, los apasionados. A ellos les habla, ellos lo inspiran: “No me quieran porque gano. Quiéranme para ganar”. La hinchada chilena fue la clave para sacarle la espina del alma y curarle el corazón perdido.
“Si yo tuviera el corazón, el mismo que perdí; si olvidara a la que ayer lo destrozó y pudiera amarte... Me abrazaría a tu ilusión para llorar tu amor”...
No le hemos visto aún llorar, porque lo suyo es poner la cabeza fría y duro el corazón. Pero si se enrojeciera su mirada en las próximas semanas, si asomara a sus a sus ojos una lágrima y la viéramos rodar, entonces tendríamos que llorar con él, simplemente para abrazarnos a su ilusión y para llorar su amor.
El lenguaje no es inocente. Las palabras no matan pero ayudan a justificar el crimen. En Gaza se está perpetrando un crimen ante los ojos del mundo. Y quizás alguien diga, como en otro tiempo se dijo en Europa, que “no sabíamos lo que hacían los nazis con los judíos”. Hoy si sabemos los crímenes, el expolio, la tortura, el destierro y confinamientos de civiles inocentes perpetrados por los nuevos nazis del Gobierno de Netanyahu.
No se puede confundir israelí con israelita. Israelíes son los ciudadanos del Estado de Israel, judíos, cristianos, musulmanes o ateos. Israelita es sinónimo de hebreo y de judío, sea o no creyente. Tiene que ver con una etnia, una cultura y unas tradiciones, pero ser judío no es una opción política. Ser sionista sí lo es porque promueve un Estado con políticas que pueden diferir en los medios pero que coinciden en una idea de sí mismos que desvirtúa la realidad que parte de la razón, de la igualdad de derechos y de deberes, del reconocimiento de unos derechos fundamentales y de una concepción de la vida humana sin intervención de dioses iracundos, ni de pretensiones de ser “pueblo elegido” o raza superior.
A principios del siglo pasado se reconoció el deseo de los judíos a tener un hogar, que luego convirtieron en un Estado y después en una potencia nuclear que actúa contra las resoluciones de la ONU y contra el ordenamiento jurídico internacional presentándose como víctimas con patente de corso para toda acción militar, social, económica o de presión preventivas.
Del victimismo al orgullo y a la soberbia, de la humillación padecida al ansia de venganza y de repetición en otros pueblos de su experiencia de persecución y de exterminio no había más que un paso. Y las autoridades más conservadoras, derechistas y fundamentalistas en el Estado de Israel lo han dado. A pesar de la oposición de muchos ciudadanos israelíes judíos no extremistas y de muchísimos judíos de la diáspora, en donde se encuentran disfrutando de sus derechos y cumpliendo sus deberes ciudadanos sin ansia por instalarse en el Estado que encarna delirantes sionismos.
O hacen lo que yo quiero o que se hunda el mundo pues, en palabras de Golda Meier, “¿pueblo palestino? Qué desatino, ¡no hay más pueblo que el judío!”
Por eso promovieron un aberrante tabú: todo el que critica la política o los negocios o la obra de cualquier judío es execrado como antisemita. Somos tantos los admiradores de la cultura del pueblo judío, que entre cristianos y musulmanes que reconocemos culturalmente a los profetas y a Jesús de Nazareth somos más que los judíos del mundo e infinitamente más que los delirantes ultra ortodoxos que fuerzan una política enloquecida.
El Estado de Israel, a pesar de haber sido promovido por los terroristas de Irgún y Stern, que dieron lugar a la Hagana, está reconocido por la comunidad de naciones. Pero los palestinos no pueden vivir en un Estado de Palestina. ¿Por qué no se han cumplido las resoluciones del Consejo de Seguridad que obligan a Israel a retirarse a las fronteras de 1967? ¿Por qué la construcción del Muro sobre tierras palestinas? ¿Por qué se han apoderado de las aguas y no permiten la libre circulación de palestinos despojados y exiliados en campos desde hace cuarenta años? Siguen construyendo colonias ilegales en tierras que no les pertenecen, y apoderándose de Jerusalén.
Dicen que por seguridad, pero ese es el criterio de tiranos que aplican la teoría del espacio vital y de la guerra preventiva, en espera de proclamar la teoría de las fronteras naturales.
Por eso nos declaramos semitas, mestizos descendientes de judíos, de musulmanes y de cristianos, y exigimos el fin del bloqueo a Gaza sin condiciones, porque las víctimas civiles son nuestras. Este bloqueo es injusto y contra todo derecho internacional.
Estamos ante un fracaso de la ONU. No se trata sólo de Estados Unidos, que no es referencia moral ni política sino parte, la parte israelí, en el conflicto; se trata de Europa, de la decepcionante debilidad, ambigüedad e hipocresía de la Unión Europea.
Lo más escandaloso de lo que está pasando en Gaza es que puede pasar sin responsabilidades. La impunidad de Israel no se cuestiona pues los poderosos lobbies judíos actúan, chantajeados y extorsionados, por la fanática extrema derecha que gobierna Israel.
La violación continuada de la legalidad internacional, los términos de la Convención de Ginebra y las mínimas normas de humanidad, no tienen consecuencias. Más bien parece que se premia con abastecimiento de armas, acuerdos comerciales preferentes o propuestas para el ingreso de Israel en la OSCE.
José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Director del CCS
Camino por una feria, de esas que pocas le van quedando a Iquique.
Inevitablemente, me voy por el Túnel del Tiempo, a los años 80, cuando los artículos taiwaneses de la Zofri abarrotaban esos puestos y sus dueñas no tenían tiempo para enfocar la vista en otro punto que no fuera la cara del cliente y la caja de los billetes.
Hoy están casi vacías, pero algo sigue igual en esos estrechos y oscuros pasillos: Cuesta avanzar. No por la gente, sino por la cantidad de chaquetas de cuerina, buzos acrílicos y maniquíes famélicos que me salen al paso. Me siento como Carlitos Caszelli, el Rey del metro cuadrado, en los 80s, dribleando en el área chica para avanzar de un módulo a otro.
Eran otros tiempos.
Los comerciantes de ferias libres vendían de todo, todo el día. No tenían tiempo para la vida social y sospechaban que después del esplendor viene la baja. Así es que vendían y seguían vendiendo.
Hoy camino por la estrechez de la feria de Sargento Aldea y descubro muchos rostros conocidos. Son los mismos de antaño, aunque hoy las cabelleras muestran el paso de las dos décadas. Las miradas, también. Pero no porque se les haya ido a esos ojos el fulgor de la juventud. Debe ser, sospecho, por el aburrimiento.
Estoy casi solo en la feria. Asomo en la boca del pasillo y desde los pocos puestos emana adrenalina que puedo percibir en las miradas ansiosas. Siento una terrible responsabilidad y no puedo evitar el sentido de culpa. No vengo a comprar, vengo a vitrinear.
Pero esta gente no lo sabe y me ve como el salvador de la jornada.
En el primer puesto del pasillo, a mi derecha, una muchacha larga y flaca se pone en pie, endereza la espalda y cruza la pierna: "¿Consuuuultteeee?", me canta al paso, casi en el oído. Le sonrío y avanzo. ¡Qué le voy a consultar si ando sin ni uno!
Advierto que la lola del módulo del lado sonríe esperanzada. Es su oportunidad de hacer negocio y me lo hace saber: "¿Qué anda buscando casssserito?, dígame nomásss" Vuelvo a mi estúpida sonrisa de culpa y le contesto mentalmente que lo que busco es que me dejen mirar tranquilo.
Y más allá, una treintona de mirada aburrida, sospechosamente rubia y algo robusta, se esmera en exhibir algo de su remota juventud debajo de un peto diminuto: "¿Consuuuultteeee?".
Ésta dichosa frasesilla, medio cantada medio espetada, viene a ser como el saludo corporativo de esta gente. Alguien la instituyó y las promotoras de ferias libres la aprenden rápido. Este "cooonsulteee" tiene una tonalidad especial, porque las "niñas" lo cantan. Y suena como una orden, o una pregunta, dependiendo del día o de la situación económica.
En tiempos de bonanza el "consulte" es seco e imperativo. Suena como a "¿va a comprar o no?, porque estoy súper ocupá". En lunes o martes, en cambio, el mismo saludo corporativo tiende a suavizar el tono y hasta aflora como súplica.
Divago y llego al final del pasillo. Una señora gorda y evidentemente aburrida es más directa y me pregunta "¿qué va a llevar caserito, porque tengo regalos para la señora, mire este cosmetiquero... Pero mírelo por lo menos, poh".
El otro pasillo es más amplio y aquí la atención es diametralmente distinta. Atienden varones, con toda la carga emotiva y el acento de género que tiene el ser varón en una Ferie Libre.
La primera diferencia es que éstos son dueños y no dependientes del puesto. La otra, es que no están de pie, en actitud ansiosa y al acecho de un cliente. No, ellos están sentados y relajados. Miran de reojo si uno -que se siente más libre frente a la oferta- se toma la libertad de tomar una mercadería y examinarla.
Juegan a las damas o a las cartas. Conversan de fútbol y contestan las bromas del "colega" del frente que comparte su atención entre la tele y el tablero de las damas.
Más allá un gordo, con uniforme de joven chileno, con el ancho polerón de capucha y la frase "California University", se pone de pie Y apela a la incuestionable cultura de la solidaridad que por estos lados se practica de verdad: "Vichino, osea cuídeme il nigocio así y regreso ar tiro".
Y el vecino, que es el señor de las damas, ni siquiera lo mira y piensa en voz alta: "este hueón patúo ya la pilló, ya me sé hasta los precios pa' dar vuelto".
Su contendor deja por un rato su seria apariencia de ajedrecista ruso: "Y eso que no sabís na' que se va pa' tu casa to'a la mañana, 'on..."
Risotada colectiva. Yo paso inadvertido. Tal vez ni siquiera supieron que anduve por allí, vitrineando por las ferias de Iquique, sin ni uno.
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